Caravana Migrante se aproxima al “infierno”, la zona más violenta de la ruta en México

Escrito   ▪  25/10/2018

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PIJIJIAPAN, México – La plaza principal de esta población ubicada al norte del estado de Chiapas se convirtió este jueves en un gigantesco campamento al aire un libre. Un amasijo de ropa sucia y limpia mezclada en improvisados tendederos que hacen de cortinas a hombres, mujeres y niños que buscaban descansar sobre el piso de cemento.

Algunos intentaban dormir a pesar del bochorno de 40 grados de temperaturas húmedas, otros escuchaban música o comían pan. Una niña lloraba desesperada, un muchacho se rasuraba frente a un pequeño espejo y varios grupos más entusiastas corrieron al río animados por policías municipales que subían y bajaban para refrescar a los centroamericanos.

“Les espera un camino largo y complicado, es lo mínimo que podemos hacer”, dijo Nicolás Cruz, un policía municipal que sudaba la gota gorda de un lado para otro.´

La Caravana Migrante se encaminará este viernes hacia una de las regiones más violentas en su ruta hacia Estados Unidos que comprende diversos municipios de los estados de Oaxaca y Veracruz, dónde miles de centroamericanos han sido blanco de secuestros, robos y violencia sexual.

 

Levin Franco, un perito mercantil que se fue de Olancho, Honduras, después de dos años de buscar trabajo, sabe de esa cosas de inseguridad en México, aunque nunca había hecho la ruta migrante. Hace cinco años, a su prima la violaron en la Arrocera, justo antes de donde hoy se encuentra y en Masatepec, dice, un hombre quería llevarse el chco de una paisana.

“La unión hace la fuerza: le caímos a golpes”, narra mientras pide un poco de dinero y confiada de que todo saldrá bien en los 1,800 kilómetros que restan de camino porque los ojos del mundo están sobre ellos y está más seguros en grupo: entre 3600 según cifras oficiales de Mexico y 7,000, en cálculos de la Organización de las Naciones Unidas.

Previo a su arribo a este poblado, de 5,000 habitantes, un grupo de 134 indocumentados se rezagó y, en un descuido,  los detuvo el Instituto Nacional de Migracion, reportó la organización Pueblos sin Fronteras que acompaña la marcha; el INM negó esta información en comunicación con este diario pero de todos modos la recomendación de los activistas es no separarse del grupo.

Después de dejar Pijijiapan  seguirán hasta el bastión de la lucha a favor de los derechos humanos del migrante: Ixtepec, Oaxaca, donde el sacerdote Alejandro Solalinde fundó el albergue Nuestros Hermanos en el Camino

 

Seguirán hacia tierras veracruzanas a bordo del tren de carga que pretenden abordar en Arriaga para dirigirse hacia Tierra Blanca, Córdoba y Orizaba, en Veracruz, donde hasta hace poco había secuestros masivos de migrantes por parte del crimen organizado para reclutarlos en sus filas, para extorsionar a sus familias y tráfico de personas.

“No tengo miedo de lo que venga adelante”, dice Mikel, un repatriado que se las sabe de todas, todas, según dice. “Estamos muy agradecidos con México, de todo corazón, pero nuestro objetivo es Estados Unidos y de ahí no nos vamos a mover de la frontera”.

A pesar de las presiones del presidente estadounidense Donald Trump, el gobierno mexicano ha dicho que garantizará el respeto de los derechos humanos y que no confrontará a la caravana.  El éxodo continuará después de Orizaba hacia Puebla, Estado de Mexico, Querétaro, San Luis Potosí y Coahuila y hasta la frontera con Texas aunque podrían improvisar rutas entre los pueblos de esos estados.

Los migrantes no descartan ningún tipo de cambios que van del abandono de la ruta (hay niños pequeños que dificultan en avance) a la petición de asilo: las autoridades mexicanas sostienen que han recibido alrededor de 2,827 solicitudes de refugio en esta coyuntura que arrancó el pasado 13 de octubre desde uno de los municipios más violentados y empobrecidos de Honduras: San Pedro Sula.

 

 laopinion.com

 

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